Sergio Cortés es un operador turístico que por su trabajo recorre permanentemente toda la zona del interior de la región. Debido a lo mismo se ha preocupado por estudiar de la flora y fauna y tiene claro cuáles son los puntos de mayor atracción del norte de Chile. Pero además es reconocido como uno de los mayores defensores del medio ambiente. Y no es porque tenga una agrupación ni fraternidad, y mucho menos que forme parte de alguna entidad del gobierno, sino que sólo su interés por cuidar el ecosistema lo ha llevado a denunciar situaciones que nadie observó ni fiscalizó y que pusieron en jaque los atractivos naturales de la zona rural.
Es así como situaciones como el de los Géiseres de Puchuldiza, el caso Lagunillas y el del salar de Llamara fueron dados a conocer a la ciudadanía, situación a la que Cortés añade que incluso falta educar mucho más a la población, pues si estuviese informada seguro no aceptaría ese tipo de situaciones. "Falta además una voluntad política en todos para dar mayor importancia al cuidado del medio ambiente".
El empresario señala que lo sucedido con el caso Lagunillas le deja en claro que aún no es una materia que sea priorizada. De otro modo no se explica que en la última sesión de la Corema se determinara no enviar el oficio del caso al Consejo de Defensa del Estado y sólo se aceptara multar a la empresa con el pago 1.500 UTM. Hasta ese entonces antecedentes proporcionadas por la comisión técnica que informa a la Corema ratificaban que no se trataba de un impacto ambiental, sino de daño.
Cortés relata que haciendo uso del derecho ciudadano de acceder a la información pública pudo conocer los antecedentes que se enviaban respecto a ese caso. Es así como por ejemplo en febrero de 2006 la dirección regional de aguas informaba a la Corema que en el bofedal de Lagunillas existía un manifiesto daño ambiental configurado por la desecación del humedal debido al descenso del nivel del agua. El 28 de abril del mismo año la entidad indicaba que "no se conocía el real funcionamiento de los humedales, debido a lo cual los impactos esperados inicialmente hacia el final de la vida útil de los proyectos (20-25 años) se han producido sólo después de unos pocos años". Luego constató que hasta abril del presente año aún se hablaba de daño ambiental y se proponía dos áreas de trabajo, que permitiera revertir paulatinamente la condición del bofedal y que no era otro de detener o disminuir el bombeo en la cuenca o establecer un sistema de riego superficial diseñado cuidadosamente por especialistas en humedales.
Pese a ello Cortés dijo no haberse sorprendido con la decisión de la Corema y lamenta que no tengan derecho a voto los servicios que conforman el comité técnico y que finalmente son los entendidos en la materia. "Este problema es tan importante como el sucedido a Río Mataquito"
LLAMARA
Hoy Cortés y la bióloga marina Raquel Pino, se encuentran batallando por el futuro del salar de Llamara. Cuenta que concurrieron al lugar ubicado a 140 kilómetros al sureste de Iquique para tener una línea base georeferenciada de lo que era el salar antes que se autorizara la extracción de agua a SQM, sin pensar que de las tres lagunas encontrarían seca la principal.
"Vemos que los integrantes de la Corema están preocupados por buscar responsables y no del daño del ecosistema que debe ser estudiado, pues bajo mi entender se extrajo más agua de la que se repone, lo presumo porque se produjo una depresión hidráulica muy puntual".
PREVENCION
Cortés señala que el problema se da en que no se trabaja en la prevención y que sólo se enfrentan los problemas una vez denunciados.
domingo, 24 de junio de 2007
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